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Virtus silentii

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Esta obra recoge textos fundamentales escritos alrededor de la experiencia mística durante los siglos XVI y XVII, trazando un recorrido que abarca desde García Jiménez de Cisneros hasta Miguel de Molinos. Con éste último teólogo, creador del «quietismo», llega el ocaso de la tradición mística española tras un período de cada vez más frecuentes persecuciones inquisitoriales.

Cabe recordar que Proclo (comentarista de Platón) fue el primer autor en recoger y sistematizar las doctrinas y pensamientos provenientes de la tradición oriental y la filosofía griega relacionados con la teología órfica. Desde entonces, la reflexión en torno a la espiritualidad, a la necesidad del silencio, ese «alejarse del mundanal ruido» ha sido constante llegando hasta la filosofía del siglo XX de la mano de Wittgenstein quien concluye su Tractatus lógico-philosophicus… «De lo que no se puede hablar, mejor callarse».

Sin embargo, la época de esplendor de la mística española se sitúa en pleno Renacimiento; el paso del teocentrismo medieval a la nueva concepción antropocéntrica del universo supone una hiper-conciencia del ser humano. Como consecuencia, la búsqueda de la soledad de aquellos que se sentían inadaptados, se presenta como una alternativa frente al nuevo paradigma que revoluciona tanto las artes como las ciencias. La llegada de la modernidad supuso el retraimiento de un grupo de pensadores y escritores espirituales que rechazaban la fatuidad y los desmanes de la nueva sociedad. Por ello fueron perseguidos junto con moriscos, judíos, reformistas… acusados de herejía. El cuadro de Pedro Berruguete plasma la realidad cotidiana de los autos de fe:

 Así muchos de los místicos más importantes sufrieron enfrentamientos con la justicia y la censura. De igual modo, Menéndez Pelayo tuvo espacio para ellos en su Historia de los heterodoxos españoles.

Esta colección de escritos nos ofrece la posibilidad de hacer una pausa y reflexionar sobre el abandono del lenguaje, del ruido en busca de ese silencio que nada produce, que se basta a sí mismo.

Pd. El título del libro proviene de un verso de San Juan de la Cruz: «… que no sufra compañía de otra criatura». Avisos espirituales, 120. Como primera introducción a la figura y obra del místico abulense:

El Cántico Espiritual

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Autos fundamentales

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Calderón de la Barca, P., Autos sacramentales. El divino Jasón. El gran mercado del mundo. El gran teatro del mundo. La viña del Señor, edición, prólogo y notas de Ignacio Arellano, Madrid, Homolegens, 2010, 406 pp. ISBN 978-84-92518-54-8

El profesor Ignacio Arellano es, sin duda, el mayor especialista y difusor de los autos sacramentales de Calderón de la Barca. No exclusivamente por su labor personal (publicando trabajos fundamentales sobre el tema), sino también porque desde el Grupo de Investigación Siglo de Oro (GRISO) de la Universidad de Navarra dirige el proyecto de edición completa de este tipo de teatro tan representativo de la literatura aurisecular. Por todo ello, asume con total capacidad la presentación de esta obra, que bajo el título Autos sacramentales, presenta cuatro ejemplos significativos de la producción calderoniana precedidos por un breve estudio del género y de sus características más específicas. Se completa el trabajo con una bibliografía esencial y algunos aspectos sobre esta edición concreta.

Bajo el epígrafe “Género y circunstancias del auto”, Arellano se remonta al año 1264, fecha imprescindible para el posterior desarrollo del género sacramental y en el cual el Papa Urbano IV, a través de la bula Transiturus, propone la celebración del Corpus. Medio siglo después se incorporan las procesiones en honor de la Eucaristía, tan propias de dicha fiesta. Hay que recordar que el día del Corpus, con las celebraciones y fiestas que lo rodeaban, implicaba algo más que la mera exaltación sacramental. Así, mediante la representación de autos (derivados de tradiciones anteriores que después compondrán los denominados “autos sacramentales”) se refuerza la doctrina cristiana en un momento de reacción protestante y de la celebración del Concilio de Trento.

Las claves del género son: verso, acto único, procedimiento alegórico, representación enmarcada dentro de la festividad del Corpus y temática teológica principalmente, aunque en algunos casos Calderón amplía el repertorio utilizando materiales de la mitología pagana. Hay que tener en cuenta este último aspecto, clave en la diferenciación que Calderón hace entre asunto y argumento respecto a los autos. Aunque el motivo central de los mismos sea la Eucaristía (ampliada en algunos casos a la Redención), su realización específica permite sobrepasar los argumentos divinos y llegar hasta la mitología. En este punto, desde la perspectiva de su recepción, no era tan importante que el público conociera la totalidad de referencias teológicas y bíblicas presentadas sobre el tablado, sino que la función de los autos era más una exaltación emocional que intelectual. La principal pretensión era mover el espíritu del público a través de la representación festiva y litúrgica de la esencialidad de la doctrina: la Eucaristía y sus motivos más cercanos como la Redención, el pecado original o el sacrificio de Cristo.
El volumen incluye además un apartado específico sobre los autos calderonianos. El autor madrileño lleva el género sacramental a sus cotas más altas, con alrededor de 80 obras en las que destacan todos los aspectos mencionados anteriormente: música, escenografía, suntuosidad, teología, calidad y coherencia poética, además de un destacable contenido filosófico.Continúa Arellano tratando el tema de la alegoría, técnica como hemos visto imprescindible en la construcción del auto sacramental. De este modo, es posible concretizar y humanizar personajes abstractos e historias divinas (fusionar de esta manera las letras divinas y las humanas), y presentarlos a un público acostumbrado a este procedimiento ya que se encuentra presente en la literatura desde la Edad Media. A través de elementos conocidos se logra poner sobre el escenario una parte de la historia divina o de la mitología, perteneciente al ámbito de la abstracción. Como decía Calderón, las ideas toman forma. El elaborado vestuario y la suntuosa escenografía facilitan la comprensión del auto sacramental y del trasvase alegórico.

Teoría sobre el auto sacramental

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Poppenberg, Gerhard, Psique y alegoría. Estudios del auto sacramental español desde sus comienzos hasta Calderón, trad. E. Gómez Hernández, Pamplona / Kassel, Universidad de Navarra / Reichenberger, 2009. ISBN 978-3-937734-73-6. 467 pp.

El presente volumen ofrece la traducción al español de un conjunto de artículos publicados originalmente en alemán en 2003. Se trata, sin duda, de una obra vasta y ambiciosa, tanto en su extensión como en la multitud de aspectos que aborda, y que quedan expuestos en un sustancioso índice. Como su título indica, el objetivo de Poppenberg es analizar la trayectoria del auto sacramental desde sus inicios hasta su punto culminante en los textos calderonianos. Sin embargo, la organización del material compilado no sigue el orden cronológico que podríamos suponer tras leer el subtítulo, sino que atiende a propósitos teóricos. El autor propone una estructura desarrollada en torno a cuatro grandes epígrafes, que a su vez se subdividen en tres puntos cada uno, todo ello precedido de una introducción a la obra. En ellos, partiendo de un planteamiento teórico centrado principalmente en cuestiones de tipo espiritual, teológico y poetológico respectivamente, trata de reconstruir el contexto necesario para comprender los textos sacramentales de autores esenciales como Valdivielso, Lope de Vega y principalmente Calderón de la Barca. Se ofrece, de este modo, el marco crítico y analítico ejemplificado a través de obras concretas las tesis expuestas por el autor. No se puede reprochar a este estudio el haber subestimado ningún aspecto relativo al género, y el lector podrá comprobar a primera vista que se trata de un conjunto de estudios fruto de un profundo e imponente trabajo de investigación.

Texto completo de la reseña publicado en: Anuario Calderoniano, Número 4 (2011), pp. 435-440.